
En diciembre Alcoy deja de ser simplemente una ciudad rodeada de naturaleza para convertirse en un auténtico escenario navideño. Las calles se iluminan creando una atmósfera que invita a pasear, a detenerse y a sentir la magia que solo aquí se vive con tanta intensidad. La llegada de la Navidad marca un tiempo especial, donde tradiciones centenarias conviven con la ilusión de cada nueva generación.
El primero en anunciar que la temporada ha comenzado es el querido Betlem de Tirisiti, una obra única en el mundo, símbolo del teatro popular alcoiano. Sus marionetas de varilla, sus escenas costumbristas y su humor tan característico llenan de vida el escenario y arrancan sonrisas a familias enteras. Año tras año, ver el Tirisiti se convierte en un ritual, una forma de reencontrarse con la infancia y con la esencia más auténtica de estas fiestas.
A la par, la ciudad se adorna con su decoración navideña, que convierte plazas, calles y edificios emblemáticos en rincones llenos de encanto. Los comercios colaboran creando un ambiente inigualable, mientras los más pequeños disfrutan descubriendo luces, figuras y detalles en cada esquina. Y como complemento imprescindible, la Fireta del Nadal llena de color y aromas tradicionales La Glorieta: puestos de artesanía, dulces, productos típicos y detalles hechos a mano atraen a visitantes y vecinos que aprovechan para encontrar regalos especiales o simplemente para saborear el ambiente festivo.
Entre luces y villancicos llega uno de los actos más entrañables de la trilogía navideña alcoyana: Les Pastoretes. Celebrado este año el 28 de diciembre al mediodía, este desfile infantil es un auténtico estallido de ternura y tradición. Niños y niñas, vestidos como pequeños pastores, recorren las calles acompañados de animales y carros engalanados. Su destino es el Nacimiento instalado en la Plaza de España, donde obsequian simbólicamente al Niño Jesús. Cada paso está cargado de ilusión, y el sonido de los dulzainas y tabals acompaña un acto que emociona a quienes lo contemplan.

La emoción crece aún más cuando, el día 4 de enero, la ciudad recibe el Bando Real, también conocido como el día de la Burreta. Todo comienza con el pregón del Tío Piam frente al Teatro Principal, proclamando que el Embajador Real ha llegado. A continuación, un cortejo único recorre Alcoy mientras el emisario anuncia que los Reyes Magos están a punto de visitar la ciudad. Las burritas, portando buzones a ambos lados, permiten que los niños y niñas entreguen sus cartas llenas de sueños. Es una tarde en la que la esperanza se mezcla con los nervios y donde cada pequeño gesto —una carta introducida, una mano que saluda al cortejo, una mirada ilusionada— se convierte en un recuerdo imborrable.
Y así, tras días de expectación, llega el 5 de enero, la jornada más esperada. Desde primera hora de la mañana, el Campamento Real en el Preventori abre sus puertas para que los afortunados que consiguen entrada puedan recorrer jaimas, ver camellos, saludar a pajes y sentir que los regalos ya están preparados para la gran noche. El entorno natural amplifica la magia, haciendo que la visita se convierta en una experiencia inolvidable.

Cuando el reloj marca las seis de la tarde, comienza la espectacular Cabalgata de Reyes Magos de Alcoy, declarada de Interés Turístico Nacional y Bien Inmaterial de Interés Cultural. Los Reyes hacen su entrada solemne montados en camello, acompañados de antorcheros, pastorcillos, músicos y un séquito que parece salido directamente de Oriente. Uno de los elementos más característicos son los ágiles pajes que, cargados de regalos, trepan por largas escaleras para llevarlos directamente a los balcones, una imagen que sigue asombrando incluso a quienes la han visto toda su vida.
El cortejo avanza lentamente hasta llegar a la Plaza de España, donde tiene lugar uno de los momentos más emotivos: la Adoración al Niño Jesús. Fuegos de artificio iluminan el cielo y la música solemne envuelve a la multitud, creando un instante que combina tradición, emoción y espiritualidad. Es un momento que une a generaciones enteras y que representa la culminación de unas fiestas vividas con intensidad.
Alcoy vive la Navidad con una dedicación única. Su trilogía navideña, su patrimonio cultural, sus calles iluminadas y la calidez de su gente logran que quienes la visitan sientan que han entrado en un cuento vivo. Aquí, la magia no se imagina: se ve, se escucha, se celebra y, sobre todo, se siente.
