Todos los parajes hermosos, lógicamente, se anuncian al visitante con el reclamo de la belleza, y efectivamente suelen merecerlo. Pero una reserva como la de Redes destaca por una grandeza especial, por reunir en su amplio y fabuloso entorno tal cantidad de pai sajes sobresalientes, que casi no caben en un folleto. Fundado en 1999 y declarado Re serva de la Biosfera por la Unesco en 2001, el parque alberga cumbres de 2.000 metros de altitud, y también largas llanuras que apenas caben en los ojos. Bosques que ocupan el 40% de su superficie, con robles y hayedos, y a la vez, desfiladeros de roca caliza, como el del río Alba o el de los Arrudos. Contrastes dispares, que enfatizan los encantos. Y que probablemente harán que los más pequeños te bombardeen a preguntas.

No hay problema, en Redes está todo perfectamente señalizado e informado para que sepas cómo moverte, orientarte y organizarte. Vistas panorámicas a 930 m de altitud, con montañas y bosques majestuosos en el mirador Puerto de Tarna. de cómo el ciclo de la vida se mantiene en armonía cuando el ser humano se integra sin causar molestias. Respira, sonríe, siéntete afortunado de compartir el tiempo y el espacio con lo que te aguarda a cada paso. Tu jornada de senderismo tranquilo en cadenará estampas tan distintas y sugerentes que llegarás a pensar que has cambiado de país sin darte cuenta. Pero no: en este parque de osos, rebecos, ciervos, urogallos y lobos entre montes, y de vacas casinas pastando tranquilamente en los llanos, la naturaleza te ofrecerá una imagen.
La experiencia, desde el inicio, hará que te olvides incluso de sacar fotografías. No merece la pena perder el tiempo enfocando con el teléfono móvil momentos que puedes disfrutar sin perder un segundo. El Tabayón del Mongallu es una cascada de 60 metros de altura a la que se puede acceder por el puerto de Las Señales. Tiene poco caudal, pero está ataviada por rocas, musgo, árboles inclinados cual vacantes y un sonido amable que atrae a su lado. Un magnetismo in explicable, que irás constatando en el resto de paradas que te esperan en el camino. Sin ir más lejos, en el lago Ubales, que MAMPIRIS parece custodiar desde abajo las montañas que lo circundan de Piloña, Caso, Laviana, Ponga, Amieva… y los Picos de Europa al fondo, acaso la panorámica más abrumadora, ante la cual lo mejor es siempre detenerse, sentarse, y tocar suelo, yerba, tierra, piedra, vida de nuevo. Y el agua, claro, siempre el agua. Por eso el parque engloba también la Casa del Agua, que te recomendamos visitar en Rusecu/Rioseco, concejo de Sobrescobio. Allí te explican de forma entre tenida cómo hemos utilizado desde hace milenios la fuerza hídrica para todo tipo de ingenios, desde los molinos de harina hasta espantar jabalíes. Mayores y pequeños lo pasan en grande.

Sucede lo mismo en el Museo de la Madera, en Caso, ubicado en un palacio rural del siglo XVI donde verás la otra cara de la moneda del bosque: si el agua era fuerza, el árbol que la consumía proporcionaba materia para fabricar aperos de labranza, carros, cestas o instrumentos musicales. Nuevamente, el ciclo de la vida, cuando el ser humano sabía integrarse en él sin alterarla. Como estás haciendo tú caminando por Redes, que obviamente te ofrece múltiples sendas para que elijas por donde bifurcar tu recorrido. Inevitable es el puerto de Tarna, del que parten numerosas rutas. Desde allí puedes observar el pico Reme El Parque Natural de Redes alberga 21 rutas senderistas homologadas. Espacios de belleza única por los que pasear. Un salto de agua vertical de más de 150 m. Además, justo cuando vayas a coronar el puerto, te toparás con la Fuente La Nalona, lugar de nacimiento del río Nalón, el más caudaloso del Principado y arteria principal del parque. La lista continúa con parajes que muestran también formas de vivir antiguas y preser vadas con el mismo mimo que la naturaleza, ya que están imbricadas en ella. Brañaga llones, una vega con fauna y flora autóctona y grandes bosques de hayas. O la Tercia de Bueres, con tres aldeas de arquitectura tradicional casina. O la Cueva Deboyu, con área recreativa junto al Nalón. Probablemente a estas alturas tengas un hambre tremendo. Normal, y muy fácil de solucionar. De la vaca casina se elabora un queso llamado casín, muy especial porque solo lo producen tres queserías, en pequeñas cantidades, y porque su potente sabor te hará arquear las cejas Coballes, situado a orillas del río Nalón. Tu primer bocado será memorable, nada parecido a lo que hayas probado hasta ese momento. Como el propio parque natural. Todo aquí es especial, como ves. También, el segundo manjar gastronómico propio de Redes: los corderos a la estaca, que en ocasiones también son cabritos. Una forma de cocinar ancestral y por ello, in comparable en los aromas y sabores que le confiere a la carne. Se ensartan los animales enteros en estacas, que a su vez se plantan en torno a un fuego con maderas de la zona. Se cocinan lentamente, durante horas, y luego se comparten con el ánimo campechano de quien entiende la comida como una celebración comunal. Otra vez, el ciclo de la vida.

Si te ha quedado alguna duda de esta idiosincrasia, antes de marchar, visita el Centro de Recuperación de la Fauna Silvestre, ubicado en el monte Isorno, y donde verás los esfuerzos que se realizan para recuperar aves rapaces y otros animales silvestres, especialmente ejemplares de especies protegidas o en peligro de ex tinción. Y, por supuesto, despídete de este parque único paseando por cuantas aldeas te hayan quedado por recorrer, las que encuentres, las que quieras, las que decida el azar, da igual: Soto, Villa moréi, Llaiñes/Ladines, Campiellos, El Condao, o la misma Pola de Laviana, perfecta para terminar el día en cualquiera de sus sidrerías, comentando la diferencia entre lo que habías imaginado al llegar a Redes, y el ensueño que después te has encontrado.