Más allá de las brillantes ciudades, Polonia es un paraíso inexplorado para los amantes del turismo activo, especialmente del ciclismo y el senderismo.
Ambas actividades ofrecen una conexión con la naturaleza, la cultura y la tradición, todo dentro de un modelo de turismo sostenible, beneficioso tanto para la salud como para el medio ambiente. Además, gracias a su ubicación geográfica permite extender el viaje a países vecinos.

Aunque transmite una sensación de naturaleza remota y casi de expedición, la región es fácilmente accesible y cuenta con una buena red de servicios e itinerarios. Es un destino perfecto para recorrer sin prisas, ya sea remando por sus ríos o pedaleando entre sus paisajes.
El emblema de la región es el bosque de Białowieża, la última gran masa forestal virgen del continente y el último territorio donde ha vivido en libertad el bisonte europeo.
Desde aquí, ahora se reintroduce a otros espacios naturales de Europa donde vive en semilibertad, pero es aquí donde la aventura de encontrarlo es real; solo la posibilidad de que aparezca hace que cambie la manera de caminar, que ha de ser más cauta y silenciosa. Las zonas de protección estricta
se visitan con guía, entre troncos caídos cuya madera muerta alimenta nueva vida, claros húmedos y árboles centenarios.

El bisonte es el reclamo para los afortunados, pero la naturaleza salvaje es el premio asegurado para todos.
Podlasie también presume del mayor parque nacional de Polonia, el de Biebrza, con una de las mayores extensiones de humedales y turberas de Europa. Aquí el agua corre lentamente, como expandiéndose hacia todas las direcciones, y por eso el kayak se convierte en una herramienta idílica,
no para hacer descensos frenéticos, sino como un observatorio flotante que avanza entre un laberinto de carrizo. Algunos tramos son tan valiosos y delicados que se ha regulado la navegación con cupos diarios, lo que permite disfrutar de este paraíso prácticamente en soledad, avistando montones de aves acuáticas y quizá incluso algún alce europeo.
El río Narew ofrece otra versión de esta geografía anfibia. Algunos han llamado a este ecosistema la Amazonia polaca, y los días de calor del verano la comparación no es nada descabellada en este río que se divide en brazos, rodea islas someras, se pierde entre juncos y vuelve a reunirse como si estuviera explorando nuevos itinerarios. A pesar de que se descubre mejor navegando, la experiencia más genuina en este paraje consiste en recorrer a pie la pasarela Śliwno-Waniewo, que cruza varios cauces sobre plataformas flotantes que hay que desplazar de una orilla a otra tirando de cadenas.

La ribera del Czarna Hańcza es una de las rutas clásicas de kayak en Polonia, una experiencia particularmente amable y accesible que permite plantear una travesía de varios días sin grandes exigencias técnicas, desde el entorno del lago Wigry hasta Augustów, alternando láminas de agua, tramos fluviales tranquilos, bosques y pequeñas paradas en la ribera. Es algo así como la puerta grande para debutar en el turismo de aventura más épico.
Buena parte de su atractivo reside en la continuidad, que permite remar sin prisa, dormir cerca del agua y comprobar que un río manso, a veces, lleva más lejos que una corriente espectacular.
Este viaje acuático tiene un broche perfecto en el canal de Augustów, una obra hidráulica del siglo XIX concebida para conectar cuencas fluviales y que hoy introduce una nota histórica en medio del bosque. Navegarlo en kayak añade una pequeña ceremonia mecánica al recorrido: entrar en una esclusa, esperar a que las compuertas se cierren, ver cómo el agua sube o baja lentamente y salir de nuevo hacia un corredor de pinos, lagos y canales.
La bicicleta termina de coser esta región salvaje y accesible gracias a la ruta de gran recorrido Green Velo, que atraviesa el este de Polonia y, en Podlasie, sirve de autopista verde para enlazar bosques, humedales, aldeas, iglesias ortodoxas y carreteras secundarias donde las cigüeñas vigilan el recorrido desde sus nidos. Algunos tramos, como los que se acercan a Biebrza por la antigua Carretera del Zar, permiten cambiar el punto de vista sin
abandonar el ritmo lento: pedalear entre prados húmedos, subir a un mirador, detenerse ante una marisma y seguir hacia el siguiente pueblo.
Podlasie es sinónimo de aire libre y turismo activo, un espacio salvaje y a la vez accesible donde, quien quiera, puede exprimirse físicamente, pero en el que la naturaleza impone un ritmo deliciosamente hipnótico.
PARA MÁS INFORMACIÓN:
https://www.polonia.travel/es
