A orillas del Ebro, en el corazón del valle del Alhama, Alfaro es una de esas ciudades que no se entienden sin su historia… ni sin su gente. Antiguo bastión romano bajo el nombre de Graccurris, su vocación como cruce de caminos se ha mantenido intacta durante siglos. Fue tierra de frontera, de cultivo y de cultura. Hoy, Alfaro sigue creciendo sobre esas raíces, orgullosa de un legado que conserva con mimo.
Su colegiata de San Miguel, el mayor templo de La Rioja, es testimonio del esplendor barroco. Las cigüeñas, que anidan cada año en sus tejados, se han convertido en símbolo vivo de una ciudad que respira naturaleza. El Parque Natural de los Sotos del Ebro, a escasos minutos del centro urbano, ofrece una experiencia única de avistamiento de aves y paseos junto al río.
Pero si algo define a Alfaro en el presente es su dinamismo. Desde su potente industria agroalimentaria hasta su papel como epicentro de jornadas técnicas, fiestas populares y ferias gastronómicas, la ciudad ha sabido unir tradición y modernidad. Iniciativas como Bodegas en la calle, las Jornadas de Fruticultura o la Semana Santa Verde no sólo refuerzan la identidad local, sino que proyectan a Alfaro como destino imprescindible en La Rioja.
Hoy, bajo el lema “Pasión por Alfaro”, el municipio impulsa una comunicación viva, cercana y abierta, que invita al visitante a descubrir lo mucho que esta ciudad tiene que ofrecer. Un lugar donde el pasado late con fuerza, pero es el presente el que lo convierte en experiencia.